domingo, 29 de mayo de 2016

Procesión del Corpus Christi

Os dejamos algunas imágenes de nuestra participación en la procesión del Corpus Christi.

En esta ocasión el altar, situado en la Plaza Mayor, estaba compuesto por un lienzo con la imagen de Cristo Yacente, y motivos eucarísticos, haciendo referencia al Verum Corpus y al carácter sacramental de nuestra procesión del Jueves Santo.

















 

martes, 24 de mayo de 2016

Eucaristía y procesión del Corpus Christi

Con motivo del Congreso Eucarístico Diocesano, la celebración del Corpus Christi este año en nuestra Diócesis, sufre algunas modificaciones importantes.

Así, el domingo a las 18 h se celebrará una solemne Eucaristía en el Paseo de Recoletos (si deseas asistir en el lugar reservado para la Cofradía -plazas limitadas- puedes ponerte en contacto con la Junta de Gobierno).

A continuación, a las 19,30 h aproximadamente, se iniciará la procesión, que este año cambia de recorrido. Nuestra Cofradía instalará un altar en el recorrido de la procesión, como es habitual, pero en una nueva ubicación. Será en la Plaza Mayor, delante de la ferretería Villanueva (número 11 en el plano).

Os animamos a participar en estas celebraciones.


Día familiar cofrade

El pasado sábado 21 de mayo celebramos el segundo Día Familiar Cofrade, una jornada de convivencia que resultó un éxito también en esta ocasión. La Eucaristía en la ermita de Nuestra Señora de Compasco, estuvo presidida por el P. Celso, párroco de Nuestra Señora del Henar de Valladolid.


miércoles, 18 de mayo de 2016

Congreso Eucarístico Diocesano




La Eucaristía en el centro de la vida cristiana
Carta pastoral de Don Ricardo

El Congreso Eucarístico Diocesano tendrá lugar los días 21 al 29 de mayo. Hemos fijado la atención teológica, espiritual y pastoral sobre la Eucaristía en tres fases, parroquial, arciprestal y diocesana, que es conclusiva y recapituladora. Nos pareció que debíamos concentrar nuestra mirada cristiana y pastoral en tres actuaciones pastorales: La Catequesis, la Eucaristía y la Caridad. La catequesis, facilitada por los Catecismos recientemente aprobados por la Conferencia Episcopal Española, es como el cimiento de la vida cristiana. La catequesis es un pilar insustituible; no debe difuminarse la transmisión de la fe en algunas palabras que no vehiculen contenidos claros y seguros. Aquí tenemos una tarea urgente y fundamental. Junto a la catequesis está la Eucaristía. Es sin duda motivo de inquietud pastoral el que la iniciación cristiana tenga escasa continuidad en la participación de la Eucaristía dominical. Y como derivación de la catequesis y de la celebración eucarística estamos llamados en coherencia cristiana al ejercicio de la justicia y de la caridad, a las obras de misericordia, al amor fraterno concreto. Tres ámbitos, la Catequesis, la Eucaristía y la Caridad, en que nunca insistiremos demasiado.

La Eucaristía es el sacramente central, donde culmina la iniciación cristiana y a la que somos invitados el día del Señor, el domingo. En tiempos del Concilio se insistió mucho en la renovación de la celebración eucarística, que ha llegado a todos los rincones. Desde hace algunos años se insiste en la adoración eucarística, con la adoración perpetua y otras formas de culto eucarístico; precisamente de la Adoración Nocturna surgió la iniciativa del Congreso Eucarístico Diocesano. Desde hace algún tiempo, quizá por una derivación parcial del Sínodo de los Obispos sobre la familia, se ha situado la atención mediática en la posibilidad de la comunión por parte de los divorciados vueltos a casar. Ciertamente son aspectos, la celebración, la comunión y la adoración que están íntimamente unidos en la Eucaristía.

Todos estos aspectos aparecen en el Congreso Eucarístico Diocesano a cuya participación invito encarecidamente. ¡Qué sea una oportunidad para nuestra renovación como pueblo de la Eucaristía! Basta con leer el programa del Congreso para percatarnos de la riqueza de los temas y de las formas variadas de ser afrontados. Hay reflexiones teológicas, celebraciones, actos de piedad, expresiones culturales. Reavivamos de esta manera la fe, la piedad, el compromiso cristiano caritativo y el impulso misionero de la Eucaristía. Confiamos que la celebración eucarística en el Paseo Recoletos, el domingo 29 por la tarde, sea una manifestación profunda, gozosa y participada diocesanamente. En el corazón de nuestra ciudad latirá el corazón creyente de la Iglesia diocesana. Agradezco vuestra participación.

Cuando estamos cerca de esta celebración diocesana mayor, o como dice la liturgia en esta “estación” de la Iglesia local vallisoletana, permitidme un par de llamadas a la memoria de la fe.

Tanto el Nuevo Testamento como los textos litúrgicos insisten a propósito de la resurrección de Jesucristo y de la Eucaristía en las calificaciones de “verdaderas” o de “verdaderamente”. “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Lc.24,34). “Verdaderamente ha resucitado el Señor”. La resurrección de Jesús no ha sido un espejismo, una sugestión ni una ilusión. La presencia del Resucitado tuvo que vencer la resistencia de los discípulos que no eran proclives a creer la promesa de la resurrección. Es un acontecimiento efectivamente ocurrido que iluminó las palabras y los hechos anteriores de la vida de Jesús, convirtió definitivamente a los discípulos, los envió capacitados por el Espíritu Santo para dar testimonio del Crucificado que ha resucitado, y de esta forma comenzó la Iglesia su camino por la historia. Sin la resurrección de Cristo sería vana nuestra fe (cf.1Cor. 15,14).

Sobre la Eucaristía leemos: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Jn.6,55). Jesús en la Eucaristía es el verdadero pan del cielo, no como el pan multiplicado milagrosamente (cf. Jn. 6,1ss) o como el maná del desierto. Jesús está real y verdaderamente presente en las especies consagradas del pan y el vino; “¡Dios está aquí! Venid, adoradores”. Nos postramos ante el Señor presente sacramentalmente en el sagrario y en la custodia para la exposición del Santísimo en el interior de las iglesias y para la procesión. El Señor presente en la Eucaristía es alimento verdadero, es decir, no es un símbolo sino el mismo Señor; y es la plenitud sacramental del alimento de la vida eterna (cf. Jn. 6,58). En el Pan eucarístico se cumplen las características del alimento auténtico, ya que no sólo sostiene temporalmente la vida, sino que da la vida para siempre. Con el cuerpo y con el alma nos postramos ante el Señor; con respeto y gratitud comulgamos, nos acercamos a la mesa del Señor, recibimos su cuerpo y su sangre.

El Concilio Vaticano II ha situado la presencia eucarística en el marco de otras formas de presencia del Señor en la Iglesia. Él ha prometido su presencia donde dos o tres están reunidos en su nombre (Mt. 18,20); y Él, que es el Enmanuel (Dios-con-nosotros) (cf. Mt. 1,23), está presente en medio de sus discípulos hasta el final de los tiempos (Mt. 28,20). Estas son las palabras del Concilio: «Cristo está presente siempre en su Iglesia, principalmente en las acciones litúrgicas. Está presente en el sacrificio de la Misa, no sólo en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por el ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz” sino también, sobre todo, bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues es Él mismo el que habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura» (Sacrosanctum Concilium 7).

Saludo cordialmente a todos e invito a la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, que este año celebraremos con mayor solemnidad e intensidad. 

Ricardo Blázquez
Cardenal-Arzobispo de Valladolid



Corpus Christi, en el marco del Congreso Diocesano Eucarístico



Más adelante informaremos sobre nuestra participación en la procesión del Corpus, pero aquí os dejamos el cartel de la Eucaristía y procesión organizados con motivo del Congreso Diocesano Eucarístico.

Acuerdo para el Museo

Buenas noticias para el Museo de San Joaquín y Santa Ana, con este acuerdo institucional. Esperemos que pronto dé sus frutos.

El Día de Valladolid

El Mundo de Valladolid

Segundo día familiar cofrade

Dado el éxito que tuvo el año pasado, os convocamos este año al Segundo Día Familiar Cofrade. Será una jornada familiar, festiva y de convivencia en la que podremos disfrutar de un ambiente distendido, en la naturaleza y en buena compañía.

Estamos invitados todos los cofrades. Sería estupendo que viniéramos con nuestras familias, y, por supuesto con los peques y jóvenes. La idea es que podamos comer juntos, pasar la tarde (habrá juegos para los más peques, y nuestro competido partidillo para los no tan peques) y terminaremos la jornada al atardecer con una Eucaristía de Hermandad en la Ermita de Nuestra Señora del Compasco.

Este año hemos planeado hacer barbacoa para todos, se pondrá un pequeño bote y así no tenéis que preocuparos de llevar comida ni bebida. Por supuesto, si alguien se anima a llevar algún postre, ¡será bien recibido!

De momento, lo más importante es que tengáis en cuenta (y en la agenda) que, el próximo sábado 21 de mayo pasaremos una estupenda jornada en el área recreativa de la Arenera de Compasco, en entorno a la Ermita de Compasco (Aldeamayor de San Martín).

Estad atentos a nuestras vías de comunicación (whatsapp, twitter, facebook) porque se irán dando detalles más concretos.

¡No te lo puedes perder!

Para inscribirte haz click aquí


miércoles, 6 de abril de 2016

LIbro "Pasión y Muerte del Señor"

Os presentamos el libro "Pasión y Muerte del Señor", de don Jesús Mateo Fernández, párroco de San Lorenzo. Se trata de una pequeña pero interesante obra, compuesta por varias reflexiones ante las escenas de la Pasión del Señor. Con un estilo sencillo y directo, don Jesús "intenta meternos en la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, como un personaje más, tal como aparece en los evangelios".

Don Jesús, que colabora con nuestra Cofradía en todo lo que necesitamos de él y de la parroquia de la que es párroco desde 2002, es autor de otros libros como: "Diez años junto a la Virgen", "El Belén de la Patrona", "Cuaresma y Semana Santa junto a la Patrona" y "El Hijo que pudo elegir Madre".


Cabildo General


Recordamos a nuestros cofrades que el próximo domingo 10 de abril, a las 12 h, celebraremos Cabildo General Ordinario, conforme a lo dispuesto en nuestros Estatutos.

jueves, 31 de marzo de 2016

Videos de la Procesión General

Primera versión, con comentarios de Ángel Cuaresma, Luis Amo y Guillermo Garabito.
Nuestra Cofradía aparece en tiempo 2:41:09.



Segunda versión (RTVCYL), con comentarios de Andrés Álvarez Vicente, Julián Díaz y Fede Gallego.



En esta segunda parte aparece nuestra Cofradía en el tiempo 1:00:40.

Video Santo Entierro de Cristo (RTVCYL)

Con los comentarios de nuestro ex-presidente Andrés Álvarez Vicente.



domingo, 27 de marzo de 2016

En portada

La suspensión por la lluvia de nuestra procesión del Santo Entierro es portada hoy en El Norte de Castilla y en el Diario de Valladolid-El Mundo.






Hacer click en las imágenes para ampliarlas


Galería de fotos de El Norte

Video de El Norte

Santo Entierro de Cristo

Debido a la lluvia, la procesión del Santo Entierro de Cristo tuvo que realizarse por el interior del Monasterio. Aquí os dejamos algunas imágenes.










miércoles, 23 de marzo de 2016

El Yacente más genial de Gregorio Fernández

Cristo yaciendo después de su Pasión. Es un tema muy tratado en nuestro país desde los años más estudiados de la cultura medieval. Pero, sin duda, si hay un escultor que profundizó en la imagen de un Salvador desamparado y muerto ese fue, sin duda, Gregorio Fernández que, no solo mejoró la obra de Gaspar Becerra, sino que firmó un importante número de Yacentes, a cual mejor… y extendió entre sus alumnos el amor y el cariño por ese Jesús en brazos de la muerte que, en tal trance, nos confirma que su obra redentora se cumplió plenamente.

¿Dónde se comprueba la más alta inspiración del artista?... Es difícil señalarlo. Gregorio Fernández esculpió el Yacente que el Duque de Lerma le encargó para la iglesia de San Pablo. Una figura de grandes proporciones esbelta y noble según las críticas de arte. Pero también dio vida, en la muerte, al Yacente que se conserva en el Museo Nacional de Escultura y que le pidió la Casa Profesa de la Compañía de Jesús. Una talla admirable. El que se puede admirar en la iglesia de San Miguel y San Julián que añade la curiosidad de poder contemplar el velo del paladar a través de la boca entreabierta.

Valladolid además cuenta con otros tres Yacentes considerados como autoría de Fernández: el del convento de Santa Catalina que es poco conocido; el del convento de Santa Isabel de Hungría, tampoco demasiado visitado y otro, de tamaño algo inferior al natural, fechado hacia 1627 y que fue encargado para el altar de una de las capillas laterales de la iglesia de San Pablo.

Yacentes que salieron de los talleres del Gregorio Fernández pero que se deben a sus alumnos y ayudantes son el de la Catedral de Segovia, el que se guarda en el convento de Santa Clara en Lerma, el de Medina de Pomar en la provincia de Burgos, el que se encuentra en el convento de los Capuchinos de El Pardo, el de las franciscanas descalzas en Monforte de Lemos (Lugo) o el de la Catedral de Astorga, en León.

El Cristo Yacente, al que rinde culto nuestra cofradía del Santo Entierro, obedece a un encargo del rey Felipe IV para, a su vez, regalárselo a las monjas del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, de Valladolid, en cuyo Museo se encuentra todavía expuesto a la vista de quienes se sienten atraídos por una imagen tan perfecta. Es, en mi personal gusto, el mejor de todos los que, de una manera o de otra, se le atribuyen al genial escultor. Y como mi conocimiento de la escultura no va más allá de las emociones que su contemplación me producen, prefiero en este caso dar la palabra a quienes lo han estudiado a fondo. Dicen de él que “la figura de Cristo es sobria y desprende un hondo patetismo” y yo puedo añadir que es la talla de un Dios que no deja de serlo ni en la muerte.

La talla que sale del Monasterio para cruzar las calles de la ciudad durante la Semana de Pasión, regresa a su lugar en el Museo movido por una procesión que cubre la petición de la Iglesia de permanecer en tal fecha junto al Sepulcro. El pasado año, Jorge Mongil os escribió que “sois depositarios de la tradición que movieron aquellos primeros cristianos” refiriéndose a quienes, con José de Arimatea a la cabeza, desclavaron a Jesús de la Cruz y le enterraron posteriormente. Pues bien, vuestro acto-procesión es sin duda la mejor forma de permanecer, en el sepulcro, junto a un Cristo nunca tan grande como lo fue una vez muerto.

Impresionado por ese acto procesional de vuestra cofradía, para el libro “Eli, Eli… Guía Lírica de la Semana Santa de Valladolid”, redacté este poema que me atrevo a repetiros para honra del Cristo que regresa a su casa de todo el año y para vosotros que, como nuevos “arimateas”, le trasladáis procesionalmente hasta ese Museo-Sepulcro-Santuario que cuidan y vigilan las monjas del Real Monasterio. Dice así el poema:

El cuerpo está aún caliente, 
los labios a medio abrir, 
a medio cerrar los ojos, 
todo el pecho de marfil 
y en la llaga del costado 
un manantial carmesí… 
Como recién descendido 
o acabado de esculpir; 
como un árbol cincelado 
con aromas de jazmín, 
el Santo Cristo Yacente 
acostado de perfil 
va de Santa Ana al Museo, 
blanco sueño de alhelí, 
a hombros de sus cofrades, 
bajo la luz de un candil… 
Al frente vuela un querube, 
le acompaña un serafín 
y sólo suena el redoble 
desigual del tamboril… 
Jesús marcha a su sepulcro 
en andas de un palanquín 
y le lloran los luceros 
y le llora el añafil, 
le llora toda la plaza, 
le llora Valladolid 
y, en el alar de un tejado, 
también llora un colibrí… 
Jesús marcha a su sepulcro, 
se queda en su camarín 
y allí estará doce meses 
hasta que vuelva a morir… 
Se han apagado los cirios, 
la noche se ha vuelto gris, 
las azucenas se han muerto, 
se ha secado la raíz 
del espino que dio espinas 
al azotar su cerviz 
y en la huerta del convento 
floreció el toronjil… 

Ángel M. de Pablos


martes, 22 de marzo de 2016

Carta del Presidente

Queridos cofrades, queridos amigos

Hace casi un año los hermanos comisarios de la Cofradía portaron, por primera vez, al Santo Cristo Yacente hasta la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Valladolid, hecho sin duda trascendente para la historia de nuestra Cofradía. Tras 50 años de andadura, la Procesión del Santo Entierro deja de ir al Barrio Girón, pasa a denominarse procesión del Verum Corpus para darle un sentido más sacramental, y así realizar estación de adoración eucarística en la Catedral. Histórica también, sin duda, fue la salida del templo mayor de Valladolid por la puerta de Santa María, recuperando una tradición que se había perdido con el paso de los años. La bella estampa que se pudo contemplar el año pasado en la plaza del Salvador, junto a la Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón, ha quedado en la retina los vallisoletanos como una de las más bellas de la pasada Semana Santa.

La tarde del Sábado Santo ha quedado reservada para el sepelio de Nuestro Señor. Conservando una estructura ya asentada con los años, esta nueva denominación de “Santo Entierro de Cristo” no deja de ser una llamada a la meditación sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, a la espera de su Resurrección. Se trata de recordar cuál es la verdadera esencia de la nuestra querida Cofradía.

¿Y cuál es esa verdadera esencia? ¿Acaso celebramos la muerte de Jesús de Nazareth? Cristo afrontó su destino con valentía. Llegó a Jerusalén, sabiendo que le esperaba la muerte, convencido y convenciendo que esa era precisamente su proeza, su victoria. Por eso entra triunfalmente, porque ya ha vencido. Lo afrontó con sufrimiento en Getsemaní, ante el temor de la soledad, de sentirse olvidado por aquellos a los que amaba y por los que iba a morir. Lo afrontó con humildad y con amor en la cruz, tanto que, lejos de mostrarse como el Hijo de Dios, con todo su poder, perdonó a los que le habían maltratado, despreciado y convertido en un desecho y dejó que todo sucediera tal y como estaba previsto.

Nuestra esencia es recrear ese triunfo de Cristo. Veneramos su victoria frente a la muerte, convirtiendo las calles aledañas al Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana en las calles de aquella Jerusalén. Nuestros faroles le iluminan en la soledad de Getsemaní, acompañándole en el difícil camino hacia su entrega más absoluta. Cristo, portado a hombros, realiza su Entrada Triunfal a la clausura del convento, nueva tumba excavada que nadie había utilizado, y emulando a José de Arimatea, primer cofrade del Santo Entierro, depositamos allí a Jesús, y aguardamos con fe su victoria. Ese es el sentido de nuestro procesionar, de nuestro farol, de nuestra Cofradía. Sigamos acompañando a Jesús con nuestros “hábitos” diarios, aun cuando finalice la Semana Santa. Sigamos iluminando con nuestro farol, aunque ya lo hayamos entregado, especialmente a aquellas personas que sufren.

Nuestra vida cofrade va más allá de nuestras procesiones. Seamos ejemplo de misericordia cada día del año.

Jesús González Expósito, Presidente


lunes, 21 de marzo de 2016

Compendio de la Misericordia

Nuestra Cofradía acoge con la Iglesia el Año Jubilar de la Misericordia. El mensaje y la palabra, los gestos y signos manifestados por el Santo Padre Francisco, nos sirven de acicate para recordar cómo la tradición cofrade ha sabido aunar la compasión con los sentimientos de Cristo en su Pasión, Muerte y Resurrección, con la compasión hacia quienes hoy viven, sufren y padecen el dolor, la exclusión o cualquier forma de injusticia y agresión a su dignidad y derechos. Es conocido por todos cómo cada una de las antiguas Cofradías de nuestra ciudad asumía el ejercicio de una obra de misericordia: atención y educación de huérfanos, hospedaje para transeúntes, hospital, asilo… era la extensión caritativa de cada una de las Cofradías.

Con frecuencia este compromiso es reclamado por algunas voces para que en el siglo XXI las Cofradías cumplan una función no sólo cultual. Siempre hay espacio para el compromiso personal y de modo particular podemos preguntarnos qué y cómo, podemos hacer para manifestar un actuar misericordioso.

Cuando de pequeños aprendíamos el elenco de las obras de misericordia corporales y espirituales, aprendíamos a enunciarlas de carrerilla y quizá de modo individualizado. Es bueno recordar que las obras de misericordia siempre tienden un puente entre ellas y aunque visibilizan una sensibilidad o carisma especial hacia una forma de dolor o exclusión, lo importante es el talante de quien es misericordioso, luego vendrá el modo de manifestarlo. En dicho elenco de obras de misericordia corporales, todos sabemos que culmina con el dar eterno descanso. Es por suerte para nuestra particular advocación, lo que manifestaron los amigos y seguidores de Jesús: dar a Cristo sepultura. El tema tiene su profundidad… Quizá algunos conozcáis el Hospital de la Caridad en Sevilla. En su templo aparecen representadas alegorías de las siete obras de misericordia, con motivos extraídos de la Escritura. El retablo principal presenta la última de las Obras bajo la forma del Santo Entierro, que tan bellamente esculpió Pedro Roldán. Es un ejemplo que nos expresa la ligazón entre las obras de misericordia y cómo éstas culminan en el Misterio que expresa el Santo Entierro del Cristo Yacente. ¿Qué podemos aprender de su contemplación?

En primer lugar, dar cristiana sepultura es una confesión de esperanza. No es guardar un cuerpo para el recuerdo como hacía la cultura romana, sino sembrarlo para la inmortalidad, creyendo conforme a nuestra fe, que lo mismo que el Cuerpo de Cristo fue sepultado, también nuestro ser resucitará con Él glorioso en cuerpo y alma. En el Entierro de Cristo se cumplieron otras obras de Misericordia: Nicodemo y las mujeres velaron su cuerpo desnudo arrancado de la cruz y vestido con un epitaphion de misericordia. María, también con lágrimas, entregó el agua que limpió y sació las heridas de quien poco antes exclamó: Tengo Sed; José de Arimatea acogió en una morada nueva de su pertenencia (sin saber que por tres días) al peregrino de Vida Nueva; las mujeres visitaron en la mañana de Resurrección a quien parecía que la cárcel de muerte tenía apresado. Y por ejercer la misericordia ¿qué ocurrió?: que ni sepultura, ni la cárcel, ni la desnudez, ni la herida, ni el tránsito, ni el hambre ni la sed vencieron a quien resucitaba para ser Alimento y Bebida de vida nueva, vestido glorioso, morada eterna, puerto seguro y fuente de salud y salvación para quien en Él pone la esperanza.

Tendremos tiempo en esta Semana Santa de poder reflexionarlo y compartirlo. Feliz Cuaresma, Pasión y Pascua en la Misericordia del Señor Jesús.

Guillermo Camino Beazcua, Consiliario


Santo Entierro. Pedro Roldán. Hospital de la Caridad (Sevilla)