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miércoles, 6 de abril de 2022

Via Crucis

Os animamos a participar en el Via Crucis cuaresmal que celebraremos este viernes en la iglesia Parroquial de San Lorenzo Mártir, presidido por la imagen de Cristo Crucificado.

Carta del Presidente

Hábito y corazón

Queridos Cofrades, Queridos amigos

Para los que nos declaramos abiertamente semanasanteros hay diez días del año que son especiales. Los 355 restantes también dejan entrever esa particularidad que nos hace ser como somos (una pulsera, un llavero, una funda de móvil…), pero esos diez… ay amigo cofrade… ¡cómo se nos cala!
Previamente hemos preparado el hábito. La tradición manda. Lo hemos sacado a la luz después de poco menos de un año y está colgado, fuera del armario, bien extendido, junto con el capirote, el cíngulo, los guantes… Y así lo veo cada día. Hábito preparado.

La vivencia de esos días es muy intensa por tanto que ver, por tanto que hacer y por tanto que mostrar. Esa vivencia se interioriza y multiplica antes de cada salida procesional, esperando en la iglesia, ya revestidos, ya con nuestra luz, ya en silencio. Y son esos minutos los que aprovechamos para guardar en nuestro corazón todos los momentos vividos durante ese año y así ofrecerlos al Santo Cristo Yacente, que aguarda custodiado por sus comisarios, con fe y con emoción. Corazón preparado.

En esta ocasión el hábito ha estado guardado mucho más tiempo y los recuerdos que traemos con nosotros son bastantes más, y por eso la única semana del año que tiene más de 7 días, la Semana Santa del año 2022 es más especial.

Este año, querido cofrade y querido amigo, prepara tu hábito y tu corazón con más mimo y cariño que nunca, ya que ambos lo van a necesitar. 

El primero por el tiempo que ha estado sin salir y puede sentirse casi como si fuera nuevo, recién confeccionado y falto de costumbre al desfilar. El segundo por todo lo que le vamos a guardar de lo vivido desde la última vez que estuvimos revestidos, en la iglesia, esperando a que se abrieran las puertas, hace poco más de un millar de días.

Esta será la Semana Santa del reencuentro con nuestra gran familia cofrade y con nosotros mismos. Será la Semana Santa para revivir, para recordar y para recuperar. Esa emoción interior, previa a la apertura de las puertas de nuestra iglesia, contenida durante tantos días, reaparecerá con fuerza, junto con nuestras vivencias de estos últimos dos años. Y si en algún momento hemos perdido un ápice de ese entusiasmo, bien por la inercia de la rutina o de los años, este es el momento de recuperarlo. Es posible que todo lo que ha pasado, todo este paréntesis pandémico, nos dé la oportunidad de recordar la esencia de ser cofrade.

Los que amamos la Semana Santa la vivimos de muchas maneras según el momento de nuestra vida y según nuestro papel en la Cofradía. Estos dos aspectos no siempre van de la mano. El hecho de tener la oportunidad de estar más implicado en la vida de la Cofradía a nivel organizativo supone renunciar no sólo a aspectos de tu vida diaria personal y familiar, si no también, en parte, al cofrade que llevamos dentro y la visión, tal vez inocente y a veces ingenua, de la Semana Santa. Pero ese es el reto los que tenemos la oportunidad de llevar las riendas de la familia cofrade. 

La Cofradía ha ido creciendo durante este tiempo en muchos aspectos, continuando la progresión de los anteriores mandatos, y así debe de continuar. Y vosotros, cofrades del Santo Entierro de Valladolid, tenéis la oportunidad, la responsabilidad y (así lo creo) el honor, de tomar el relevo. Vivimos un momento de cambio en muchos aspectos y nuestra querida cofradía ha de ir de la mano de ese cambio que nos arrastra como la corriente de un río, pero siempre dentro del cauce de nuestra esencia.

Por nuestra parte sólo nos queda ofrecer humildemente la mano de nuestra experiencia y agradecer de corazón a todas aquellas personas que, de un modo u otro nos habéis acompañado y apoyado en estas tres legislaturas.

Esta Semana Santa, queridos cofrades, preparad vuestro hábito y vuestro corazón. Dejad que afloren vuestros sentimientos y recuperad ese primer cofrade que lleváis dentro, el que ofrecerá su luz al Santo Cristo Yacente, cuerpo verdadero, un año más en la noche del Jueves Santo, y el que iluminará su camino oscuro y enclaustrado en la tarde del Sábado Santo.


 Jesús González Expósito, Presidente

lunes, 4 de abril de 2022

Mensaje del Consiliario


Nos gustaría cerrar de un modo definitivo el paréntesis que, en estos dos años, ha limitado la expresión pública de nuestra pertenencia a la Cofradía. Cerramos este paréntesis y abrimos un gran signo de exclamación, para expresar que juntos volveremos a manifestar públicamente los signos de espiritualidad de nuestra Cofradía.  A nivel personal, iremos preparando en estos días nuestro hábito para que pueda expresar su dignidad por el Santo Descanso de Cristo. Actualizaremos el cuidado de los enseres de la Cofradía, y así puedan expresar su fin al acompañar nuestros recorridos por las calles.  Pero sobre todo dispondremos nuestro corazón, para poder compartir la devoción que al Santo Cristo Yacente tributamos.

Tras este bienio de pandemia, la Iglesia, como comunidad universal, nos invita estos dos años 2021-2023 a reflexionar en conjunto como creyentes. Una propuesta intensa que nos lleva a considerar cómo hacer una Iglesia más participativa, en la que se manifieste la comunión para la misión.  A esta experiencia le llamamos: Sínodo.  El término Sínodo, aún no recogido en el diccionario de la Real Academia de la lengua española, quiere expresar esta condición de cristianos que vivimos en camino. No solo peregrinos con una meta, sino llamados a hacer un camino juntos y juntos alcanzar el común destino. La experiencia sinodal en estos meses, nos ha revelado la importancia de pensar como creyentes nuestra valoración sobre cómo dialogamos entre nosotros mismos en el seno de la comunidad. Cómo es este diálogo ante los retos pastorales con que la sociedad contemporánea nos interpela y nos invita a dar una respuesta acertada en los distintos campos de misión. Cómo invitamos a otros para ampliar nuestra convocatoria y acogida de nuevos rostros.

La presencia pública en nuestras calles en esta próxima Semana Santa es también un signo de una Iglesia sinodal de hermanos que caminan juntos, que lo hacen en sincronía, no solo marcados por el pulso de un timbal. De modo singular, el misterio de Cristo que nuestra cofradía alumbra, manifiesta ese camino de los seguidores tras la muerte de Jesús. Fue un camino que hicieron juntos desde el Gólgota al sepulcro. Fue un camino de seguidores y seguidoras, discípulos y amigos. La madre y los nuevos hijos caminaron bajo el signo de la esperanza, cumpliendo con el deber de sembrar el Cuerpo Yacente, en anhelos de resurrección. Pero el camino de aquellos discípulos continuó en la tarde del Viernes Santo, desde el jardín hasta el silencio del Cenáculo, en donde se cerraron las puertas, de aquel lugar donde apenas horas antes, Jesús había abierto la puerta de su costado, se había partido como pan y sus discípulos recibieron la llamada a confiar en el amor universal. Volvían a aquel cenáculo del que se habían levantado a prisa en el anochecer previo a la preparación de la Pascua, para seguir al Maestro hasta Getsemaní.  Cerraban las puertas por miedo a los judíos y en su interior sentían un miedo mayor: ¿su fe seguiría firme después de los acontecimientos sucedidos al Profeta herido en Cruz? 

Cuántos interrogantes pasarían por su mente y sobre todo por su corazón hasta rayar la luz del primer día de la semana.  Una mujer, María de Magdala, quien con tanto amor había ungido al amigo, abría de modo discreto aquellas puertas, poniéndose en camino de nuevo al sepulcro. La luz por fin amanecida, rasgó la oscuridad de cenáculo cuando aquella mujer volvió desconcertado a todos con la inexplicable novedad de que el sepulcro está vacío. El Evangelio de Juan, nos precisa que Pedro y el discípulo a quien Jesús amaba, fueron corriendo hasta el sepulcro. Lleno de realismo, el relato precisa que, aunque salieron juntos, cada uno llegó a su ritmo. Pedro, quedó un tanto rezagado respecto al discípulo amigo de Jesús, quien, no solo por mejores condiciones físicas o entrenamiento, llegó primero al sepulcro, pero no atravesó el umbral. Contemplando, aguardó el tiempo necesario hasta que el renegado Pedro llegara. Las lágrimas arrepentidas del día anterior, habían abierto ya el camino para que nuevas lágrimas se convirtieran en expresión de confesión y de gozo en la fe. Ambos atónitos se rendían ante los signos de que aquel sepulcro vacío, manifestaban no un hurto, ni una desaparición. El Epitaphion, se hallaba bien colocado junto a las vendas, también estas bien dobladas.

El desconcierto de los soldados custodios, solo podía expresar novedad ansiada: ¡ha resucitado! Ahora sí, entraron juntos y vieron.

La palabra Sínodo no solo significa caminar juntos. Podríamos pensar cuántas metáforas del camino de la vida nos manifiestan que por hacer un camino juntos no por ello se alcance una misma meta, que todos lo alcancen a una vez, o que todos lo hagan desde la libertad.  

Sínodo es la termino griego, que expresa que quienes además de caminar juntos, lo hacen con el deseo de alcanzar el umbral es decir que aquel camino tiene una meta y que esa meta como umbral, invita a atravesarlo juntos. Caminar en Sínodo es por tanto entender que hay un espacio nuevo que juntos debemos estrenar y que este espacio como lugar de resurrección ha sido abierto por Cristo. Él lo ha estrenado antes de que nosotros lo alcancemos. Nos deja evidencias de esta novedad y ya no se trata solo de cortar la cinta, sino que las vendas rotas por la fuerza de la vida, sean capaces de leer nuestra propia historia y lo sucedido pues: ¡ha resucitado!

Aquellos discípulos alcanzaron un umbral que Cristo había abierto antes de que ellos se pusieran en camino. Cruzaron en sentido inverso, el espacio de alguien que lo había estrenado. Desde entonces, la pregunta sobre la Victoria de la resurrección, puede hacerse desde los caminos de la vida. No fueron ellos los que cortaron la cinta de un estreno: la puerta ya estaba abierta.  Cristo precede los espacios, los ambientes, los lugares de resurrección, tan solo se trata de tener los ojos bien abiertos y vencer la tentación de llevar a Cristo a unas nubes o a unos cielos tan alejados que no son su espacio de encuentro. 

Cada vez que las sagradas imágenes, que las diversas cofradías alumbran, salen de sus templos, atraviesan un umbral. La apertura de las puertas pone de manifiesto la emoción de quiénes las aguardan salir y el gozo, cuando vuelven a sus sedes. Esta emoción y este gozo pueden convertirse no solo en un momento emotivo, sino también, en un momento para cuestionar lo que en sí es la fe. Cristo sale a tu encuentro, Él es quien abre las puertas y cruza el umbral para acercarse a tu vida. 

Te invito a ponerte en camino y a que superes tu propia subjetividad, para hacerlo juntos. Deja que esta Pascua, te sorprenda en cada esquina de tu vida, con sus nuevos requiebros. Vuelve junto al Amigo tantas veces como creas que hay espacios que te distancien. Que los caminos de la existencia, cuestionen tu experiencia de confesión de fe en la resurrección. Ojalá de verdad sientas, que Cristo con su resurrección es capaz de llenarte de una vida más plena.                                 

Guillermo Camino, Consiliario

Acompaño este artículo con dos imágenes de Eugène Burnand, pintor suizo afincado en Francia a finales del XIX. La primera de ellas representa las dudas del Cenáculo, la segunda el camino de los dos discípulos en la mañana de Pascua. No son dos temas habituales en la iconografía cristiana. Incluso la de los discípulos camino del sepulcro está siendo muy utilizada para simbolizar el evangelio de Juan, pues todo él es como una fuerte llamada a buscar al Amigo, el Viviente.


lunes, 28 de marzo de 2022

Solemne Triduo en honor del Santo Cristo Yacente

   

NOTA IMPORTANTE: Por razones ajenas a la Cofradía, el primer día del Triduo la petición de la Sagrada Imagen comenzará a las 20,45 h y no a las 20,15 h como estaba anunciado inicialmente.

martes, 16 de marzo de 2021

Cuaresma y Semana Santa

De nuevo se nos presenta una Semana Santa atípica como consecuencia de la pandemia sanitaria. Las medidas adoptadas por la Junta de Castilla y León para evitar la propagación del virus impiden la celebración de procesiones en la calle, así como otras actividades de la Semana Santa que supongan la reunión multitudinaria de personas. La posibilidad de realizar actos o celebraciones en el interior de los templos, aunque se desarrollen con limitaciones, se ve también afectada por las medidas que permanentemente son revisadas y modificadas por la Junta de Castilla y León. En atención a las circunstancias actuales y a las indicaciones recibidas desde el Arzobispado y la Junta de Cofradías de Semana Santa, desde la Junta de Gobierno, teniendo muy en cuenta las capacidades tanto materiales como personales de nuestra Cofradía, hemos intentado organizar la Cuaresma y la Semana Santa, de forma que todo lo que se realice se desarrolle salvaguardando las medidas sanitarias.

CUARESMA

La limitación de aforo de los templos que, a fecha de redacción de esta carta, se encuentra reducido a un tercio de su capacidad, determina que el aforo de nuestra Iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y santa Ana se vea reducido a unas 30-35 personas, por ello, y en aras de no dejar a ningún cofrade que desee participar en la celebración fuera del templo, se ha acordado que nuestra celebración en Cuaresma sea una:

Santa Misa de Comunión General de la Cofradía del Santo Entierro, que se celebrará el Sábado 27 de marzo a las 20.00h en la Iglesia de San Lorenzo Mártir.

En dicha celebración se procederá a imponer las medallas a todos los nuevos cofrades que lo deseen. Para ello y en vista de organizar el acto con todas las medidas de seguridad, quienes deseen imponerse la medalla deben mandar un correo electrónico a: info@santoentierro.net

SEMANA SANTA

En Semana Santa se procederá a abrir nuestra Iglesia con objeto de poder ver y rezar a nuestro Titular. El horario de apertura se ha determinado en función de las disponibilidades de personal y del protocolo sanitario que se ha debido elaborar y presentar.

Apertura de la iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana.

- Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo en horario de mañana y tarde.

Todos aquellos cofrades que deseéis colaborar en la organización de las visitas a nuestra iglesia y a nuestro Santo Cristo, seréis muy bien recibidos. La idea es hacer un cuadrante con toda la gente disponible de forma que, con un poquito de dedicación, entre todos podamos permitir que los fieles tengan la posibilidad de ver a nuestro Santo Cristo en estos días tan señalados. Para apuntaros a esta acción escribid un correo electrónico a: info@santoentierro.net.

lunes, 23 de marzo de 2020

Trazado irregular

Queridos cofrades, queridos amigos

A lo largo de la vida el ser humano va creciendo física y psíquicamente. Desde el punto de vista físico ese cambio queda reflejado en aspectos externos como pueden ser la altura, el color del pelo, la masa muscular o la madurez en el rostro... Esos aspectos debemos de cuidarlos llevando una vida saludable, una buena alimentación, ejercicio físico.

A nivel psíquico también se evoluciona y se va teniendo conciencia de ese (nuevo) “yo” que estaba escondido y que empieza a salir a partir de la adolescencia, y es en ese punto cuando uno empieza a crecer como persona, si bien es cierto que esos primeros pasos requieren de un acompañamiento y cuidado constantes. ¿Y cómo cuidamos ese aspecto más interior? Con una vida saludable (interna), una buena alimentación (de espíritu) y ejercicio... mucho ejercicio (oración).

Lo malo es cuando se confunde (o se mezcla) lo externo con lo interno, pudiendo caer en el error de creer que una realidad externa alimenta nuestro espíritu casi tanto o más que un momento de oración en silencio. Son inseparables ambos aspectos, eso es evidente. Pero son realidades totalmente diferentes.

Raro es el camino de la madurez que seguimos en línea recta o en llano. La vida no es un trazado regular  (gracias a Dios). Tiene muchas curvas, y subidas, y bajadas, y más curvas...pero todo ello hacia una meta, un objetivo, el que cada uno se haya marcado. Es posible, casi con total seguridad, que para llegar a ese objetivo se modifique la ruta elegida en más de una ocasión. Unas veces por elección propia, otras por recomendación de alguien de confianza y otras por imposición o causa de fuerza mayor.

Así es el camino de nuestra querida Cofradía, un trazado irregular, con sus aspectos externos y sus aspectos internos y tienen los dos una importancia fundamental, y ambos por el mismo motivo: LA IDENTIDAD.

Por el qué se nos conoce, y cómo lo cuidemos es la base del camino hacia esa madurez. Cada Junta de Gobierno se marca sus objetivos, incluso diferenciándolos en cada legislatura. Y en cada momento se hace especial hincapié en algún aspecto, ya sea externo o interno. Pero sin perder un ápice de esa identidad.

En el momento actual que nos ha tocado vivir, momento de cambios y reformas, se hace aún más importante mantener la identidad de nuestros cultos y nuestras procesiones, siendo conscientes de quiénes somos y hasta dónde queremos (o podemos) llegar.

Es por ello que desde esta Junta de Gobierno os pedimos más que nunca trabajar juntos en ese camino, haciendo nuestros, con nuestra forma de ser y hacer, cada uno de los actos que realizamos y cada salida procesional, porque a cada uno se le ha dado no sólo un aspecto externo cuidado, sino un profundo sentido interno. Un por qué lo hacemos y lo sentimos así, tan nuestro.

La imagen del Yacente entrando por primera vez, desnudo, el primer día del triduo, en el interior de la iglesia, la oscuridad del templo de San Lorenzo durante el rezo de la XII estación del Ejercicio del Via Crucis del Viernes de Dolores, la imposición del sudario a Cristo Yacente tras la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor o ese recorrido, entre faroles alzados, de nuestro Titular por la penumbra de la clausura del convento... todos estos momentos forman parte de nuestra identidad, de nuestro crecimiento hacia la madurez como cofradía.

Habrá más reformas, habrá otras Juntas de Gobierno, seremos más o menos cofrades, pero siempre tendremos el mismo objetivo en el camino: mantener nuestra identidad. Y esto lo conseguiremos primero cuidando nuestro aspecto interno y externo como cofrades del Santo Entierro, de forma individual, para luego poder ponerlo en práctica en el conjunto de toda la Cofradía. Así una identidad de cofrade individual, surgida de unas bases comunes, se transforma en identidad de toda una Cofradía cuando se recorre el mismo camino junto a nuestro Señor Yacente.
                                     
                                                                                   Jesús González Expósito, Presidente



sábado, 21 de marzo de 2020

Disponer para Jesús un nuevo sepulcro

“Lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro nuevo”

Feliz y comprometido camino hacia la Pascua. Siempre en novedad hacia el sepulcro nuevo. En el contexto de las novedades que estas próximas semanas nos traen, no dejamos de solicitarnos la creatividad para acoger las iniciativas de la reorganización de la Semana Santa en Valladolid. De un modo especial sentimos que tradición y novedad van hermanadas en la Pascua de Cristo. Toda su Pascua es novedad: nuevo fue su sepulcro y nuevo quedará, nuevos su sudario y vendas y nuevas permanecerán, y seguirán marcadas por la novedad de la resurrección para siempre. Sentimos la lógica de que la continuidad nos dé seguridad, y a la vez sabemos que es necesario situarnos ante la novedad como quien integra, madura y avanza. La Pascua conlleva ese equilibrio. Y con ese deseo es bueno que acojamos esta próxima Pascua.

Pascua es novedad, y a la vez es continuidad del gran Misterio de la Vida. Continuidad cada domingo, pues en él se renueva la Pascua, y a la vez novedad, porque el Misterio de Cristo renueva la vida, su Espíritu que nos ayuda a situarnos ante el compromiso.

Jesús mismo vivió la Pascua en novedad. Nuevo era el pollino que estrenó en Ramos, nuevo el brindis convertido en sacramento en la Cena de Pascua. Nuevo será su sepulcro en medio de tanta rutina…en la violencia de su muerte. Los crucificados eran sometidos a una rutina, la de aquellos que bien sabían lo que hacían: el modo como eran crucificados, cómo se prolongaba su dolor, cómo eran desenclavados y despojados en fosas comunes. Para los discípulos amigos, la memoria de Jesús debía salir de esa rutina y recibir el honor de su veneración.  Tenía que ser sepultado en un sepulcro nuevo. De esta forma dieron también cumplimiento con total exactitud a la profecía de Isaías: (Is 53, 9)"Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte." La esperanza en la resurrección guiaba aquella decisión, si el cuerpo de Jesús hubiera sido arrojado en una fosa común,  habría sido imposible verificar su resurrección, pero una tumba vacía sí que servía como una evidencia clara de la resurrección.

Así aquellos dos amigos fieles trasladaron el cuerpo de Jesús envuelto en una sábana hasta "un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno" (Jn 19, 41), excavado en la roca en un huerto cercano.  Diligentes y con premura ungieron el cuerpo antes de depositarlo en la tumba. Como era costumbre entre los judíos, lavaron el cuerpo  para después envolverlo en los lienzos con especias aromáticas. La iconografía del Santo Entierro ha guardado la memoria de los ungüentos utilizados:  la mirra y los áloes que había traído Nicodemo. Así al mezclar los lienzos con esta mixtura,   éstos quedaban pegados al cuerpo de Jesús formando una momia, tal y como se describe en el evangelio de Juan al referir el episodio de la resurrección de Lázaro. Llegados a este punto podríamos pensar que tal y como muestra nuestra imagen titular, el Santo Cristo representa el momento justo en que habiendo sido lavado el cuerpo acaba de ser colocado sobre el sudario. La santa cofradía inicial se dispondría a ungirlo. Acompaño en esta ocasión el presente saludo con dos imágenes de Raúl Berzosa, pintor contemporáneo, que nos muestra el doble ejercicio de aquellos primeros cofrades: colocar a Cristo en un sepulcro nuevo y ungirlo como Señor.



Puede resultar un ejercicio de piedad pensar qué de bueno le damos al Señor. Qué de buen perfume y aroma hay en nuestra vida para que sea nuevo ungüento que dignifique su espera de la mañana pascual. El propio Cristo nos dijo en la penúltima Cena, en Betania, que debemos ungir su santa presencia en los pobres, en los que se manifiesta su espera resucitadora de dignidad y justicia. ¿Cómo ungir al Ungido en sus ungidos? La respuesta es fácil: con la caridad que hace nuevas todas las cosas. Feliz y Santa Resurrección.

                                                                                               Guillermo Camino, Consiliario


sábado, 16 de marzo de 2019

Vía Crucis de la Pasión y Procesión extraordinaria de la Exaltación de la Cruz

Via Crucis cuaresmal de la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo

Nuestra cofradía cubrió la segunda estación: Jesús es entregado y detenido.











Procesión extraordinaria para conmemorar el 75º aniversario de la Cofradía de la Exaltación de la Cruz y Nuestra Señora de los Dolores.



jueves, 15 de marzo de 2018

Solemne Triduo en honor al Santo Cristo Yacente

Los próximos días 22, 23 y 24 de marzo (jueves, viernes y sábado) celebraremos Solemne Triduo en honor al Santo Cristo Yacente, nuestro titular, en la Iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana.

Predica el consiliario de la cofradía D. Guillermo Camino Beazcua.

22 de marzo – 20,00 h - Petición de la Sagrada Imagen a la Comunidad y Santa Misa.  Finalizada la Eucaristía se procederá a la bendición de las nuevas andas del Santo Cristo Yacente

23 de marzo – 20,30 h – Ejercicio del Vía Crucis de la Cofradía del Santo Entierro (salida procesional). En el templo de San Lorenzo se procederá al rezo de las Estaciones del Via Crucis con la simbología y teatralización de las Estaciones más relevantes. La última Estación se reza en la plaza de Santa Ana, ante el pueblo fiel que lleva velas iluminando a Cristo muerto. A la puerta de la Iglesia, que simula la entrada al sepulcro, se reza la XIV y última estación. La plaza estará a oscuras, sin alumbrado público.

24 de marzo – 20,00 h - Santa Misa de Comunión General de la Cofradía. Tras la Eucaristía se impondrá la medalla de la Cofradía a los nuevos cofrades y se entregarán los reconocimientos a los 25 y 50 años de permanencia en la Cofradía.

jueves, 6 de abril de 2017

Recordatorio Viernes de Dolores

Ya a las puertas de la Semana Santa, os recordamos los actos en los que la Cofradía participa mañana, viernes de la quinta semana de Cuaresma, conocido como Viernes de Dolores:

17,30 h: Celebración Penitencial junto a Cristo Yacente. En la Parroquia de San Lorenzo.

20,30 h: Ejercicio del Vía Crucis.

Toda la información sobre estos actos la encontrarás en anteriores posts de este blog.

sábado, 1 de abril de 2017

Acto Penitencial junto a Cristo Yacente

El  Viernes de Dolores, en la parroquia de San Lorenzo, desde las 17,30 h de la tarde y hasta las 18,30 h, la Cofradía del Santo Entierro de Valladolid convoca a todos los cofrades , especialmente a los más jóvenes, a participar en un momento de encuentro con Cristo Yacente y su Madre, Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de Valladolid, para ponernos en su presencia y recibir el perdón, para aquellos que lo deseen, a través del sacramento de la Reconciliación.

Como nos dice el papa Francisco "En el sacramento de la Reconciliación podemos siempre comenzar de nuevo". Abramos pues nuestro corazón al Padre de la Misericordia al inicio de nuestra Semana Santa que, un año más, nos servirá para dar testimonio de fe en Cristo, Nuestro Señor.

viernes, 31 de marzo de 2017

Acompaña a tu Dios alma mía

La piedad popular nos ha regalado el ejercicio del Vía Crucis, una forma de orar basada en la contemplación de catorce estaciones que nos ayudan a descubrir los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús.

“Acompaña a tu Dios alma mía” es la primera frase de la estrofa de la primera estación del Vía Crucis. Si profundizamos en estas palabras descubrimos en ellas una invitación a que nuestra alma, y con ella todo nuestro ser, medite sobre las escenas que se nos muestran en este ejercicio piadoso, muchas de las cuales se siguen haciendo presentes en la actualidad en acontecimientos que suceden a los hombres y mujeres de hoy.

El Vía Crucis, el camino de la cruz, puede ser una buena ayuda para que vivamos la Cuaresma con verdadero sentido de conversión. Podemos fijarnos en la humildad de Jesús, que acepta la condena a muerte y carga con la cruz, es despojado de sus vestiduras y muere como un malhechor. También podemos fijarnos en tres personajes que podríamos haber sido cualquiera de nosotros: Las mujeres de Jerusalén, el Cirineo y la Verónica.

Las mujeres de Jerusalén sienten lástima de aquel hombre justo, que dentro de su sufrimiento les ofrece el consuelo que sólo puede dar aquel que piensa más en los demás que en sí mismo “No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”

El Cirineo, Simón de Cirene, era un labrador al que alquilaron u obligaron a ayudar a Jesús a llevar la cruz. Sin duda es la imagen de aquellos que se encuentran situaciones en la vida en las que hay que arrimar el hombro, y lo que comienza como una obligación puede convertirse en un regalo. Seguro que el Cirineo encontró en Jesús una mirada limpia llena de agradecimiento.

La Verónica es el reflejo de aquellas mujeres que siempre se han mostrado dispuestas a mancharse por intentar aliviar el dolor de los demás. Según cuenta la tradición la imagen del rostro de Cristo quedó grabada en un pañuelo de la Verónica, seguro que esa imagen también quedó grabada para siempre en su mente y en su corazón.

Que esta Cuaresma sea el momento para que nuestra alma acompañe a su Dios que sigue sufriendo en cada ser humano condenado sin razón. Que aprendamos a llorar con los que lloran, a ayudar a los que lo necesitan y a estar siempre dispuestos a limpiar el rostro de cualquier ser humano, donde también se descubre el Rostro de Dios.

Israel Muñoz


jueves, 23 de marzo de 2017

Todo lo que trasciende

Cuando traspasé la puerta, la iglesia me pareció un sudario. Y un sudario era el que caía, descuidadamente, sobre el cuerpo de Jesús… Que estaba allí, ante mis ojos, muerto en cuerpo y vivo en espíritu. Un temblor recorrió mi frente y se negó a cegar mis ojos. Era la imagen de quien, pudiéndolo todo, aceptó quedarse desnudo, sin nada, para mostrar un camino que muy pocos, o ninguno, seguimos. Y me vinieron a la memoria aquellos versos que escribí sobre su entierro:

… Pasan túnicas de luto
bajo los murmullos,
sobre los arrullos
de sus colas negras y largas, fruto
del suave roce que va desgranando
las jaculatorias,
cascadas y norias
de la procesión. Pasan redoblando
los fúnebres silencios del tambor:
Santa Ana, Poniente,
Girón el doliente, caminos
lacerados de dolor…

Pero frente al altar no hay redobles fúnebres. Solo una pena que se siente dentro, muy dentro del alma y que es capaz de hablar sin palabras y de sujetar, desde el silencio, la misma emoción del Cristo en la cruz, del Jesús con la cruz a cuestas, del Dios que pide al padre en el huerto haga pasar tanta agonía… Y lo hace sabiendo que ya es tarde, que nada puede evitarse, que deberá beber el cáliz de su pasión hasta la última gota. Hasta esa  gota final que se adivina entre sus labios cuando, delante de todos nosotros, yace desamparado camino de su última morada. Avisa una carraca que suena a suspiro. Los cofrades se ordenan para acompañar y son cuatro de ellos quienes cargan sobre sus hombros el peso de un Dios hecho hombre y, como hombre, muerto por los hombres… En el camino del museo que le acogerá, oraciones cadenciosas nos van abriendo camino. Es una procesión escondida para evitar la lluvia, pero no evita que dentro de cada corazón caiga un diluvio de emociones que pasan, casi de puntillas, por entre las filas de quienes acompañamos la imagen. ¿Qué pasan?...

Me pasa la pena, el remordimiento
de haberte matado,
pecado a pecado…
Me pasa el dolor de verte sediento
de nuevas muertes y, en ellas, vivir
pues, de morir tanto,
vives en el canto
de cada criatura que sabe morir.

Las puertas del convento se abren ante el clamor de quienes lloramos. Y allí aparecen las mujeres que le cuidarán durante un año más. Sus lágrimas son el mejor ungüento para perfumar el cadáver… Y lo perfuman no solo con su llanto, también con su amor.

Que se convierte en cuidado un día si y otro también… Vuelven las plegarias a deslizarse entre nosotros y, en el salón convertido en panteón, todos rezamos, todos nos inclinamos ante ese Dios que quiso hacerse humano hasta en su final. Ese final en el que, mirándole tan solo, sentimos cómo se nos escapa el orgullo, la arrogancia para que sea la verdad quien nos haga humillar ante aquella imagen inigualable.

Yo también, Cristo Yacente,
con la pena atravesada
y el corazón encogido,
todo mi cuerpo una llaga,
inclino mi falso orgullo
y someto mi arrogancia,
me postro ante tu presencia
mientras de mis labios salta,
como un dardo, una oración
que sobrevuela y se clava
en el humo de los cirios
y el dintel de las ventanas…
Si es Dios mismo quien se humilla,
cómo yo no me humillara…

Depositado en el panteón que lo acogerá durante doce meses más, me recorre un temblor que disimulo uniéndome al salmo que se entona desde la fe. Y desde la fe, entiendo que no hay acto más intenso, ni más real, ni más sincero que ese acompañamiento, lejos del rumor de la calle, escapando de la lluvia, pero acogiéndonos al paraguas de su bondad infinita. Y es en ese momento, cuando la luz vuelve a hacerse, cuando desaparece la magia del amor por el amor, es el instante en el que comprendo todo lo que pasa, todo lo que me envuelve, porque todo lo que soy capaz de sentir pasa también por delante de mi como un fanal de luz infinito.

Me pasas tu, Señor,  y la simiente
de ese fértil grano
que cae de tu mano
abierta al perdón, Cristo Yacente.
Me pasa el cilicio de tu muerte,
pasa tu pasión
hecha oración
en la esperanza de volver a verte…

Ángel M. de Pablos

lunes, 20 de marzo de 2017

Carta del Presidente

Queridos cofrades, queridos amigos

Un año más nos encontramos a las puertas de otra Semana Santa. En los próximos días celebraremos el Triduo en honor al Santo Cristo Yacente en nuestra sede: La iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y  Santa Ana. Y allí nos volveremos a ver cada viernes de cuaresma, velando junto a nuestro Cristo, que nos abrirá las puertas cada tarde para que podamos pasar un momento junto a él.

Después llegarán nuestras procesiones, cada una de ellas con un profundo sentido catequético, desde el Vía Crucis del Viernes de  Dolores, pasando por la Procesión eucarística del Verum Corpus y  el Santo Entierro de Cristo, sin olvidar nuestro papel recreando la Pasión de Nuestro Señor en la noche del Viernes Santo.

Tendremos igualmente la oportunidad de celebrar, junto con nuestras  hermanas de la comunidad cisterciense el Triduo Pascual. Disfrutemos  otro año del desayuno cofrade con ellas, en la mañana del Domingo de Resurrección. Repetiremos el día de encuentro cofrade en el mes de mayo...y la cofradía seguirá, como lo ha hecho desde hace ya 87   años.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces, pero la esencia sigue estando en el interior vivo y en constante movimiento de nuestra  Cofradía, que evoluciona con su tiempo y se reinventa año tras año sin perder su auténtico sentido: Evangelizar a pie de calle, promoviendo  la caridad y la misericordia.

Tantas y tantas personas han dado su tiempo por y para la cofradía  que la lista sería interminable y seguramente incompleta. Muchas de ellas ya no están con nosotros, algunas nos han abandonado muy recientemente...Pero otros seguimos aquí.

Algunos sois miembros desde hace más de 50 años, otros ya pasáis los 25. Son muchos los años dedicados a vuestra cofradía, de una u otra manera. Por eso ha llegado el momento de reconocerlo. En la tarde del primer sábado de cuaresma, no solo impondremos la medalla a los nuevos cofrades, sino que además entregaremos un diploma a aquellos cofrades que cumplan 25 ó 50 años en la cofradía, con una insignia de plata con nuestro escudo para estos últimos, en agradecimiento por tantos años de pertenencia a la Cofradía del Santo Entierro de Valladolid.

En nombre de toda la Junta de Gobierno, y en el mío propio, os agradecemos que año tras año sigáis acompañando al Santo Cristo Yacente por las calles de Valladolid, convirtiéndoos en sus pasos, para que la gente los siga, y en su voz, para que la gente escuche, ahora que él tiende en su lecho victorioso, esperando la Resurrección.

Jesús González Expósito, Presidente

Nota aclaratoria: Esta carta del presidente se publicó en el boletín informativo de la Cofradía "Arimatea", días antes de la celebración del Triduo al Santo Cristo Yacente, del 2 al 4 de marzo.

martes, 14 de marzo de 2017

Tercer día del Triduo (Vídeo)


Tercer día del Solemne Triduo al Cristo Yacente (4 de marzo de 2017), organizado por nuestra Cofradía y presidido por D. Luis Argüello, Obispo Auxiliar de Valladolid.

Video: Iglesia en Valladolid

lunes, 13 de marzo de 2017

Venimos a adorarlo

Así expresaron los Magos de Oriente, el sentido de su búsqueda y camino a Herodes. Peregrino en Colonia, junto a la tumba de los Santos Reyes Magos, recorría las naves de la catedral interpretando los mensajes de las Capillas laterales que guían, para poder decir como los Magos: Venimos a adorarlo. De la cuna, la casa de Belén o portal,  pasando por la casa de Betania, el Cenáculo, la peregrinación culmina con un grupo del Santo Entierro, bellísimo,  de composición y factura semejante al grupo de Juan de Juni, hoy en el Museo de San Gregorio.

Existe un precioso paralelismo entre los Magos y los compañeros fieles de Jesús. Nicodemo llevó una mezcla de mirra y áloe de cien libras para difundir un fragante perfume, todo un tesoro. Ahora, en la entrega del Hijo, como ocurriera en la unción de Betania, se manifiesta una desmesura que nos recuerda el amor generoso de Dios, la «sobreabundancia» de su amor. Dios se ofrece generosamente a sí mismo. Si la medida de Dios es la sobreabundancia, también para nosotros nada debe ser demasiado para Dios.

Pero es necesario recordar también lo que san Pablo dice de Dios, el cual «por nuestro medio difunde en todas partes el olor de su conocimiento. Pues nosotros somos [...] el buen olor de Cristo» (2 Co 2, 14-15). En este momento en que algunos hablan de la descomposición de las ideologías, nuestra fe debería ser una vez más el perfume que conduce a las sendas de la vida. En el momento de su sepultura, comienza a realizarse la palabra de Jesús: « Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto» (Jn 12, 24). Jesús es el grano de trigo que muere. Del grano de trigo enterrado comienza la gran multiplicación del pan que dura hasta el fin de los tiempos: él es el pan de vida capaz de saciar sobreabundantemente a toda la humanidad y de darle el sustento vital: el Verbo de Dios, que es carne y también pan para nosotros, a través de la cruz y la resurrección. Sobre el sepulcro de Jesús resplandece el misterio de la Eucaristía. Así lo proclamamos gozosos en la adoración peregrina del Jueves Santo. Renovemos nuestro gesto de adoración.
En el camino de esta Cuaresma podemos compartir esta plegaria. Feliz Pascua 2017

ORACIÓN

Señor Jesucristo, al ser puesto en el sepulcro
has hecho tuya la muerte del grano de trigo,
te has hecho el grano de trigo que muere
y produce fruto con el paso del tiempo hasta la eternidad.
Desde el sepulcro iluminas para siempre
la promesa del grano de trigo
del que procede el verdadero maná,
el pan de vida en el cual te ofreces a ti mismo.
La Palabra eterna, a través de la encarnación y la muerte,
se ha hecho Palabra cercana; te pones en nuestras manos
y entras en nuestros corazones para que tu Palabra
crezca en nosotros y produzca fruto.
Te das a ti mismo a través de la muerte del grano de trigo,
para que también nosotros tengamos el valor
de perder nuestra vida para encontrarla;
a fin de que también nosotros confiemos
en la promesa del grano de trigo.
Ayúdanos a amar cada vez más tu misterio eucarístico
y a venerarlo, a vivir verdaderamente de ti, Pan del cielo.
Auxílianos para que seamos tu perfume
y hagamos visible la huella de tu vida en este mundo.
Como el grano de trigo crece de la tierra en espiga,
tampoco ,tú podías permanecer en el sepulcro:
el sepulcro está vacío porque el Padre
no te «entregó a la muerte,
ni tu carne conoció la corrupción»
 No, tú no has conocido la corrupción.
Has resucitado y has abierto el corazón de Dios
a la carne transformada.
Haz que podamos alegrarnos de esta esperanza
y llevarla gozosamente al mundo,
para ser de este modo testigos de tu resurrección.

Guillermo Camino Beazcua, Consiliario